lunes, 19 de diciembre de 2011

La nube y el sol.



Del cielo oscuro empezaron a caer gotas de agua, como si estuviese llorando. A mí siempre me había gustado pensar que las nubes se iban oscureciendo porque quieran estar cerca del sol. Pero cada vez que lo intentaba, solo conseguía tapar su brillante luz que tanto le enamoraba. Y al darse cuentas de que no podía estar con el sol, lloraba. Lloraba por ese derecho que dios le había quitado, lloraba porque lo único que deseaba era estar junto a su sol, algo imposible para la pobre nube… Lloraba porque nunca podría estar con su amor, y la única manera de que se viese su luz era marchándose y dejando a su sol. Un amor imposible.
-¿En qué piensas? –me pregunto. Me miraba con una extraña expresión, con ojos divertidos.
-Que cuando llueve, me gusta imaginarme las nubes están tristes y lloran porque no pueden estar junto el sol –dije sonriendo. Yo y mis tonterías. Me alegro de no ser esas nubes de ahí, me digo. Porque te tengo a ti.
El sonríe. Otra cosa que me encantada el. Cuando meto la pata o digo cualquier tontería, el sonríe divertido, cuando otros se hubieran reído de mi. Era perfecto.
-Y ¿ahora en que piensas? Parecías estar soñando
-Pues ¿sabes qué? ¡Estaba pensando en ti! –respondí riéndome. El se acerco y me rodeo con sus brazos. Ese único sitio en el que más quería estar del mundo, en el que me sentía más segura, en el que podía relajarme, ser yo misma… Ese sitio que nunca quería abandonar. Mi hogar, mi paraíso, mi lugar perfecto.
-Bueno ¿pues sabes que pienso yo? Que eres como un sueño para mi del cual nunca quiero despertar, y que ahora mismo lo único que quiero es besarte.
-Entonces bésame –susurre acercándome a él más aun.
Nos quedamos así un momento, mirándonos a los ojos, nuestros labios a un aliento de distancia. Con un suspiro cerré los ojos y me dejo llevar. No hay sabor más dulce ni nada más perfecto que el de sus labios, pensé. No hay ningún otro lugar donde quiera estar. Da igual si estuviéramos en el callejón más cutre de barrio o que estuviéramos en el hotel más lujoso del país, con tal de estar a su lado me daba igual todo. Me dejo llevar por ese beso, bebiendo de su amor, e intentando saciar mi propia sed que parecía no acabarse nunca. La lluvia empezó a caer con más fuerza, como si intentara romper ese beso, pero a nosotros nos da igual, nos seguimos besando bajo la lluvia, cada uno en los brazos del otro, deseando que este momento durase para siempre. Ese momento que quedaría grabado en la memoria y nos acompañaría toda la vida. Y no sé por qué, pero en ese instante pienso en la nube y el sol y siento pena por ellos, aunque sea una estupidez, me dan lastima, ellos nunca podrán sentirse como yo. Entonces no puede pensar en otra cosa, la lluvia me borro todo rastro de pensamiento dejándome solo con dos palabras;
-Te amo.
Y así, bajo la lluvia,  nos seguimos besando.

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